El siguiente texto fue redactado por un estudiante que vive dentro de una de las muchas tomas de universidad que en estos tiempos decoran de posibilidades de cambio este país. A continuación una reflexión en torno a la situación del movimiento social - estudiantil ¿disminuye el apoyo o ganamos más fuerzas?.
¿Y si diéramos mayor valor a cada peso donado en la puerta de un establecimiento educativo, en vez de a cada segundo de noticiarios que responden a los intereses de los que detestan el desorden y la revuelta social? ¿Sería entonces la misma conclusión la que obtendríamos sobre la opinión pública en relación al movimiento social por la educación?
Pongamos estas reflexiones en números y no solo en lindas palabras adornadas de emotividad. Ambos, usted y yo, sabemos que eso le agrada a la irreflexiva y racionalista forma de pensar de los días que por ahora cohabitamos.
Dentro de las labores del cotidiano que tenemos en la toma, hay una que se llama “puerta”. Déjeme contarle un poco de ésta función. Cuando estamos en puerta, que es un puesto rotativo como todos los que tenemos aquí dentro, se cumplen dos funciones. Por una parte, la de recibir y controlar a las personas que hacen ingreso a la toma, lugar que habitamos hace ya más de 100 días (el período más largo vivido en esta situación por la p-ucv ). Y junto a esto, realizar lo que llamamos “macheteo”, lo que por si usted no maneja la jerga, es algo así como estar provisto de un tarrito o algo similar y pedir dinero argumentando un objetivo puntual. En nuestro caso, este suele ser el de la alimentación, o útiles de aseo e higiene, aunque también utilizamos lo recaudado para comprar materiales para elaborar propaganda (lienzos, panfletos etc.) y a veces para costear el veterinario y los medicamentos de nuestro perrito Cochayuyo, hoy por hoy, más lindo y juguetón que nunca.
Bueno, el tema es que este micro espacio, el del macheteo, es uno de los lugares en los que he escuchado y he vivido algunas de las sensaciones más provocadoras en lo que va de movilizaciones. Es por esta razón por la que me propongo compartir lo vivido desde dentro (y también desde abajo) de la revuelta. No desde fuera, como lo suelen hacer los medios de prensa. Creo que esta condición legitima mi habla, así como también, la crítica a quienes de nosotrxs hablan.